viernes, 8 de junio de 2007

Ternura



¿Qué tiene de malo el amor?
¿Qué tiene de extraño la ternura?
¿Por qué nos cuesta aceptar, recibir el cariño de los demás, de la Vida, de los niños?
¿Por qué cuando se da todo el amor posible a un niño se dice que se le consiente, que se le malcría?
¿Por qué somos tan cómodos, que queremos que nuestros hijos sean "buenos", "tranquilos", que no molesten demasiado?
¿Por qué queremos que sepan tanto, que avancen rápido, que sean mejores que los demás?
¿Por qué intentamos constantemente formarles, conducirles, cuando ellos ya son como tienen que ser?
¿Por qué se piensa que un niño al que se le da todo el cariño va a ser un niño caprichoso, consentido y arrogante? ¿Es que amar y ser tierno significa ser irresponsable?
¿Por qué es bueno que sufran los niños?¿Para que sean independientes?
¿¿Autónomos emocionalmente??
¿Por qué tenemos miedo a jugar?
¿Por qué tenemos miedo a decir "Sí"?
¿Por qué tenemos miedo a decir "No"?
Estar con un niño, enseñarle, no es tanto imponer conductas o normas morales, sino que es una sutil y presente forma de estar, de vivir donde estás. Lo que tú eres, es lo que el niño aprende. Y no sólo el niño, sino el vecino, el tendero, el jefe, la compañera de trabajo, el árbol, todos aprenden, todos reciben un mensaje de lo que tú estás viviendo.
Y éso es lo que llega.
Por eso es tan difícil, y tan fácil, ser buen padre, ser buena madre.
Porque todo empieza en ti, en mi.

jueves, 8 de marzo de 2007

Volere


Estar donde uno está, querer estar ahí, poner toda el alma en ello.
No pensar, sino ser.
Amar.
Esto es lo que querría vivir en cada instante de mi vida, pero a veces se me va la olla.
Y en esos momentos, que son varios, es bueno leer estas cosas, que como si nada, caen a mi lado, y me recuerdan quién soy, por encima de todo, y por siempre.

El guerrero interior (versión libre)

- No tengo padres;
por eso hago del Cielo y la Tierra mis padres.
- No tengo poder divino; hago del Amor mi fuerza.
- No tengo recursos; me apoyo en la humildad.
- No tengo el don de la magia; hago de la fortaleza de ánimo mi poder mágico.
- No tengo ni vida ni muerte; hago del Eterno Presente mi vida y mi muerte.
- No tengo cuerpo; hago del valor mi cuerpo.
- No tengo ojos; hago del resplandor de la alegría mis ojos.
- No tengo orejas; hago del buen sentir mis orejas.
- No tengo ni brazos ni piernas; hago del entusiasmo mis miembros.


Aquí seguimos, aquí estamos.
Un abrazo.

domingo, 4 de marzo de 2007

Recordad


Esto lo fotografió una amiga en Menorca, en un vertedero de basura.
Que no lo olvidemos.
Recordad.

martes, 13 de febrero de 2007

Patadas en la ermita


Recojo lo que dice mi interior.
Palabra por palabra, en ocasiones, casi al dictado. Sin huir, afrontando lo que hay, a veces con más resignación que con alegría. Y casi siempre lo que se escucha es bien recibido, con alivio y frescura, animando a dejar el siguiente paso en el sendero.
Lo que ocurre es que parece que todo es siempre maravilloso, que todo es un presente ideal lleno de iluminaciones y que soy un remanso de sabiduría sin par. Sin embargo, las cosas son muy distintas. Sí, es verdad, en mi reside una sabiduría y una paz que me acompaña desde mi más tierna infancia, quizás desde antes, pero eso no es obstáculo para que en algún momento del camino todo se torciera como si fuera un renglón torcido de esos que a Dios tanto le gustan.
La realidad es que uno se cae, se vuelve a levantar, se vuelve a caer, se levanta, se cae, y así una y otra vez en un intento desesperado por encontrar la luz que todo el mundo ve tan fácil y tan clara.
Soy testigo de ello. Soy testigo de una realidad que cada día me sorprende más, cuanto más profundizo en ella, más incomprensible es para mi. Soy testigo de cómo en mi se libra una batalla entre el bien y el mal, entre la pasividad y el anhelo de plenitud, entre la confusión y la fé.
Miro a mi sombra, al crío y al dolor que llevo dentro, y la veo dar patadas al muro de una ermita, de esas que tan escondidas están en el Camino de Santiago. La cojo de la mano y nos vamos a caminar, dándome cuenta de que lleva tiempo sin salir, y que necesita ser reconocida y tratada con respeto para entregar sus frutos, brillantes de madurez y calma.
En un mundo en el que todos vamos de fantásticos algo de honestidad le va de perlas al alma. Honestidad para verse uno tal cual es, con la dulzura de quien entiende lo que ocurre, recogiendo la fuerza que da la paz de ver y reconocer que todo lo que hay en mi interior es profundamente humano, a pesar de todo el jaleo y el dolor que hay en mi. Honestidad para aceptarme cuando caigo, cuando vivo, cuando siento, cuando me relajo, cuando estallo con rabia o con lágrimas, cuando el mundo corre y corre y todo vuelve a pedirte lo mejor de ti mismo, sin importarle lo que eres en realidad.
Y es aquí, en el centro de la espiral, donde vuelvo a recoger el bordón de la voluntad de hacer de mi mismo alguien que se vive con la soltura de quien ha viajado hasta el fondo de su corazón, ha visto todo lo que hay y lo ha llenado de amor, sin elección posible, como un árbol viejo a la vera de una ermita vieja y tranquila.
Y es que en ocasiones todo parece que se va a hacer puñetas. Pero a fuerza de levantarse una y otra vez, cada vez parece más claro que el Camino lo voy a tener que recorrer sólo, y que sólo yo soy el responsable de la vida y de las decisiones que he tomado. Las raices del viejo árbol son sabias, y es su silencio el que clama con la fuerza de la verdad quién soy y la pureza de mi alma, esperando en el presente desde el día que nací en este mundo, en esta familia, en este momento.
Mientras tanto, las flores hablan ya de la primavera que se acerca, las aguas rugen con alegría en el Algar, los niños ríen y lloran, el ermitaño sale de la cueva y enciende su lámpara con la luz del sol, alumbrando los corazones de la humanidad entera.
Dios nos ha vuelto a bendecir, una vez más.
Y doy las gracias.

sábado, 20 de enero de 2007

Con corazón


Está siendo un año movidito, la verdad, sobre todo en lo que se refiere a lo que se pinta y se respira en mi interior. Estos días, las despedidas y el tocar tierra y presente me han descubierto un panorama en mi interior que, si bien intuía, no daba más importancia. Don Vidal, el del Camino, se había alejado de su "camino", no sabía donde estaba, dónde está. Y he tenido que tocar fondo, ver lo que hay y olerlo, sentirlo, escuchar con los pies y con el culo lo que estaba ocurriendo frente a mi, bajo mis narices:
¿Dónde está el peregrino?¿Dónde está el hombre que, con el corazón en la mano, se abría la mundo, a cualquier situación?.
Todo el mundo en su ruta, en su destino, y este zumbao aquí, sin saber cómo pegar una patada a la próxima piedra.
Y he tenido que verlo. Ver que nada tenía ningún sentido. Que a lo mejor todo era un gran error, y en algún momento, me equivoqué. Si no soy feliz, si nada fluye, algo anda mal. Si cada día es una cuesta arriba que apenas llega a su fin, ¿dónde dejamos la última flecha amarilla para estar tan perdidos?.
Da igual que los demás lo vean, que sepan por dónde debo ir. Da igual que unos me echen mierda y otros flores. Mi corazón no lo tiene claro, y mi salud, por lo visto, tampoco.
Y he tenido que hablar de ello, una vez más. Con gente que me quiere, que me ama, que me respeta, que no tiene miedo a escuchar pese a todo. Y no es lo que me hayan dicho, la verdad, que sí me ha llegado. Lo que me ha limpiado las retinas del corazón ha sido el darme cuenta que lo que hago tiene un valor, aunque no me acuerde.
Que tiene un valor enorme entregarte en silencio en el dia a dia, en la sencillez de cada momento, aunque el mundo, y yo el primero me diga que soy un inútil. Que se puede disfrutar, ser feliz, en esa entrega, y que recibir de tu propio corazón es más que suficiente, porque hacer las cosas con el corazón, de verdad, a fondo, con todo el amor de la vida(l) es recompensa más que suficiente, aunque no tenga un puto duro, aunque nadie me respete, aunque ni yo mismo lo crea.
Con corazón, darme cuenta de que este momento es tal como debe ser, y que hasta que no lo acepte de corazón, el presente no podrá crecer en todo su esplendor, en toda su belleza, con toda su majestuosa sencillez.
Ahí está el peregrino, dice mi corazón ahora. Haciendo, atravesando el Camino más complicado que ha vivido hasta ahora, y el más brillante: dejar que todo sea, entregarme a mi mujer, a mi hijo, a mi casa, a mis estudios, a todo el dolor que hay en mi interior y se resiste a sanar, como la noche que tiene miedo al amanecer. Dejar que todo crezca en la quietud y en el inmenso trabajo de fondo que se está gestando sin que yo pueda hacer nada más que agradecer cada segundo de vida y cada paso de Camino.

miércoles, 10 de enero de 2007

¿Por dónde empezar?

Empezar hablando de mi, y terminar hablando del mundo.
Del mundo que soy y del que no me puedo separar aunque quiera, por mucho que desee encerrarme en mi concha. Un mundo al que he llegado de no sé dónde y al que necesito amar, antes de que me destruya.
Empezar la primera anotación del año en este diario público e íntimo es casi una aventura. Porque no sé por dónde, demasiadas cosas en poco tiempo, en apenas diez días que parecen diez mundos llenos de ventura y arrojo, de luces y sombras largamente plegadas en un manojo de flores de cualquier parque.

De mi. Regalos que no esperaba, de los Reyes y don Noél, y casi ninguno envuelto en papel de regalo. Una hermana que vuelve a hablarme como a un hermano, un hijo que disfruta como la vida entera vibrando cuando juega, cuando conoce a otros niños, muchas comidas familiares que eran así, familiares de verdad, donde había más cariño que comida, y donde existía de verdad un anhelo de unión, una madre que rebosa salud y vida, una mujer que mira al cielo con los pies en la tierra y brilla como sólo lo hace un alma pura.
Y enseñanzas, revelaciones tan bienvenidas como esperadas, tan intensas como sorprendentes, tan difíciles de realizar como un primer paso en una vida que parece vuelve a empezar, otra vez.
Y despedidas, tan dolorosas como no me atrevo a confesar: Dos encuentros a corazón dando lo que Dios me pedía que diera, diciendo lo que Él me pedía que dijera, diciendo lo que el corazón sentía, y aun así... sin saber si has dicho, si has dado lo suficiente.
Si, lo sé, es así siempre, en realidad siempre es la última vez que vas a ver a una persona tal cual la ves ahora. Pero nunca había sido tan evidente.

Del mundo. Día de reyes en Murcia. Si, precioso día, con empacho de asado de venado y tinto excelente. Si, precioso día, sobre todo cuando para terminar sales a dar un paseo y te encuentras, ante mi más absoluto pasmo y la pasividad general, en los infiernos de Dante.
La zona peatonal del centro se ha convertido en un apretado corredor gracias a la inundación de mendigos, borrachos y vendedores ambulantes de pañuelos y muñecotes. ¿En que mundo estoy viviendo yo?¿Tan metido estoy en mi casa que se me había olvidado esto?. Terminé el día con una indigestión y un cabreo monumental que acabaron pagando los que más cerca están de mi, como siempre. Y al principio no sabía qué me ocurría. Sólo sentía rabia, ira, frustración, como solo un stellium en aries sabe sentir. No es la pobreza, no es ver a mendigos pidiendo lo que me cabreaba tanto. Era ver que tenían dinero para vino y no tenían para comer. Era que los niños de tres años estaban vendiendo todos el mismo género una y otra vez mientras sus padres (hombres) estaban juntos de charreta en una noche de enero. Eramos nosotros, los que paseábamos junto a ellos, los que se supone debíamos dar algo, los que estábamos como si tal cosa, como si no fuera con nosotros esta fantochada donde no se sabe dónde empieza lo real, lo imaginario y lo enfermizo.
¿Y dónde estoy yo?
¿Dónde están mis talentos, Señor? ¿Qué puedo hacer?¿Dónde está en mi Camino?¿Dónde está ese peregrino que se hubiera parado a hablar con ellos, el que lo habría visto todo con los ojos del Amor?.
Quiero pensar que sigue por ahí, en algún lugar de mi interior.
Que vea el mundo con su Amor, y que así me vea a mí mismo.
Que vea el mundo con su Valor, el suficiente para perdonarme todos mis errores.
Que sea capaz de vivir como si fuera el último día, dando lo mejor que hay en mi, por mucho que pese mi mochila.
Que siempre pueda abrazar a los que amo, y transmitirles toda la grandeza que hay en sus vidas.
Que pueda decirle a la gente que su vida es un Camino que se recorre paso a paso, y que vale la pena recorrerlo, con verdad, con inocencia, llenos de vida.

martes, 19 de diciembre de 2006

Júpiter en Sagitario: la fe


Hoy es el cumpleaños de mi mujer.
Hoy le he prometido que voy a ser un buen chico, y que voy a hacer lo que me pida. Hablamos, jugamos, nos regalamos. Y deseamos que este año sea mejor que el anterior. Y lo será, pero le cuento que éste, en cualquier caso, ha sido mejor que el otro. Y me da la razón. Acontecimientos, aventuras, comedias y dramas se han sucedido en los últimos tres años, y eso, de fondo ha dejado rastro, un rastro de agotamiento y dudas.
Una anciana muy graciosa hace unos meses me cogió por banda y me dijo que no me preocupara de nada, que iba a ser muy feliz, que hace más o menos tres años comencé una etapa dura, y que terminaría en abril del año que viene.
Bueno, gracias, Marilyn, un beso, eres una delicia.
Miro atrás, hace tres años, y coincide con el tercer grado de reiki y el Camino de Santiago del Norte, sí, ése tan lleno de silencios y penumbras, de montañas, hados, vacas y ampollas. Y sí, algo pasó, tuve un bajón físico fuerte, varias encrucijadas y grandes decisiones: no en vano Daniel es hijo del Camino.
Y ahora Júpiter entra en Sagitario. Los astrólogos que conozco dicen que no tiene importancia, que es un aspecto que se contrarresta con otros. Pero soy un cabezón. Miro al mundo, y ese Júpiter Capitolino es lo que se necesita, lo que se pide a gritos. Tantos desengaños, tantas caídas, tantas pruebas, tantas subidas a montañas sin mapa ni brújula merecen que se viva el gran tesoro de la máxima expresión de Sagitario: la fe, la promesa de una experiencia, la realidad de una realización que no hay que buscar, que ya es. Saber, no con la cabeza mercuriana, sino con los muslos sagitarianos, que la alegría, el amor, la luz, son más reales que cualquier sueño que podamos tener.
Estamos vivos, para qué más. Ahí yace todo el poder, todo el fuego, toda la pasión del que se sabe vivo, del que sabe que ni el nacimiento fue el principio ni la muerte será el final.
Todo eso me lo enseñan mi mujer y mi hijo todos los días.
Vida y luz, vida a raudales.
Felicidades, Amor.

lunes, 18 de diciembre de 2006

Psicomagia

Si quereis divertiros un rato con Jodorowski, aquí teneis una entrevista suya.
Me gusta mucho cuando dice que al hacer algo totalmente distinto a lo que estamos acostumbrados, estamos empezando a sanar. Es una manera de romper el círculo vicioso de los hábitos, del dolor, de la muerte de la inconsciencia.
Y que no se nos olvide que vivir es disfrutar, reír, llorar, emocionarse, respirar, gozar, empujar, beber, saciarse, cagar, bendecir, rascarse, iluminar, caminar.
Un abrazo grande

Psicomagia (Entrevista a Jodorowski en Negro sobre Blanco)

miércoles, 13 de diciembre de 2006

Un mundo entero

Me gusta pensar que todo ocurre por una razón.
No hay nada que me lo confirme, pero creo que es así.
Pienso en ello.
Dejo que haga un hueco en mi.
Y lo primero que me viene del corazón es que eso de creerme el centro del universo es una chorrada. Mi ombligo necesita creer que todo va a salir bien si sigo haciéndome el tonto pensando que mi vida ya está montadita de principio a fin. Pero no es así, es algo mucho más sutil. Hay una luz, hay un Amor, existe una Vida, y hay una condición sine qua non para entender ésto.
Tienes que estar, tienes que estar aquí para ser feliz, tienes que atreverte a Ver, tienes que tener los cojones que hagan falta para hacer lo se te manda, lo que te pide hacer tu corazón, y lo más jodido es que sin esperar absolutamente nada a cambio. Tienes que quedarte cuando te encantaría estar en un sitio más cómodo, toca escuchar por dentro y por fuera, toca descubrir el valor que tan bien tienes escondido para soltar la mochila llena de mierda que llevas arrastrando tantos años.
Eso de descubrir que estás vivo, y que tu ser no pesa nada, puede ser todo un problema.
Porque ya no tienes excusa para olvidar a tu hermano, ya no hay excusa para no darle todo lo que hay en ti, todo tu presente, toda tu risa y todo tu gozo.
Ya no tienes excusa para irte a hacer otra cosa cuando tu hijo te mira con los ojos de la Vida y te invita a que la vivas con él.
Entonces sí, entonces hasta la más miserable de las miserias puede tener un sentido,
porque puedes dárselo tú.


martes, 5 de diciembre de 2006

Todo esto

Las cosas no siempre ocurren como uno cree: la vida suele ser mucho más sencilla y más de andar por casa de lo que nos venden los libros y las películas. Sin embargo creo que las situaciones más valientes y más cobardes también ocurren así, como de andar por casa. El amor de unos padres a su hijo, la paliza de un bestia a sus hijos, fregar los platos con alegría, decir algo cuando se supone que deberías callarte, estar bien cuando podrías estar mal, ver el monedero casi vacío y sin vistas a estar lleno, abrir la puerta a una anciana, parar en un paso de peatones, comer compulsivamente, comprar algo que no necesitas, ver la tele cuando podrías hablar, ser frío cuando alguien te abre su corazón, reír aunque te duele el culo, llorar aunque podrías reprimirte, aceptar que no das más aunque todo el mundo te exige que lo hagas, reírte de ti mismo, dar las gracias a un animal muerto que te has comido, gritar cuando te podrías haber callado, vivir cuando podrías estar en una caja, perdonar de corazón y acusar con saña, sudar y taparte porque tienes frío, respirar aire puro y darte cuenta de que lo haces.
La vida es, y ocurre así, y no nos pregunta nuestra opinión.
Que Dios me perdone, soy un ser humano.
Todo esto, no doy más.

jueves, 30 de noviembre de 2006

Amor a gritos

Si la vida está en el presente, y no hay nada que realmente te pueda hacer daño, que alguien me explique por qué me duelen tanto los chillidos de mi hijo. Anoche el pobre tenía miedo de algo ¿? y pegaba unos berridos que me dejaron, y todavía me dejan, el corazón hecho polvo.
Ni cuenco tibetano ni reiki ni oraciones, fueron su padre y su madre cantando hare krishna a ritmo de krishna das, y sentirse arropado en la normalidad de su sofá, lo que al final le durmió.
Y así cualquiera se levanta a las seis.
Podemos dar mucho más de lo que creemos, podemos recibir mucho más de lo que creemos.
Damos cuando recibimos.
Lo aprendí otra vez anoche. Cuando recibía su miedo, sus gritos y no intentaba cambiarle, porque ya no podía hacer más, le estaba dando amor, estaba siendo Dios en su vida, el Dios que siempre he buscado fuera de mi.
Iba a hablar de la fé, pero no me quedan muchas más fuerzas a estas horas de la noche. Al fin siento que algo en mi interior se abre, y mi mujer, mi hijo y mi madre, tienen algo que ver. Sentirme cómodo en la nada, sentir su transparencia y su Fuerza, inmensa y tranquila, me llenan de un júbilo que no sentía desde que hice el Camino hace ya seis años. Tan hermosa es que hasta me río, tan viva que casi parece que no tengo por qué seguir peleándome con todo el mundo: que le den por culo a todos y ya está. De momento voy a respirar esa nube, ya ficharé el siglo que viene.
No me asusto, soy todo, somos todo.